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Ingobernabilidad

Ingobernabilidad.

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Ingobernabilidad

Origen

Mucho se ha hablado últimamente en nuestro país sobre lo difícil y casi imposible que resulta para la personas en puestos públicos ejercer el poder otorgado por la constitución y las leyes. Se escucha constantemente a Ministros, Diputados, Presidentes Ejecutivos y hasta la misma Presidenta de la República dando explicaciones de cómo tienen que lidiar a diario con obstáculos que les impiden ejercer el mandato del pueblo y por ende cumplir con su deber.

El Poder Ejecutivo culpa al Legislativo o al Judicial y ellos recíprocamente hacen lo mismo cuando les toca el turno de explicar por qué razón, a pesar de tener las herramientas que la ley les asigna, no cumplieron con lo que la misma ley manda.

Desde el punto de vista de los ciudadanos parece como si estas personas aceptaran tomar los puestos y responsabilidades que sus empleos exigen a sabiendas de que posiblemente no logren su cometido, pues este país nuestro es ingobernable, y entonces no puede evitar uno preguntarse, ¿cuál es el propósito de estas personas al aceptar sus cargos?, ¿eligen simplemente pasar cuatro años calentando una silla para terminar su período sin pena ni gloria?,¿empiezan su nombramiento decididos a cambiar el funcionamiento de las cosas y terminan vencidos por el sistema?

Creo que lo que sucede es una mezcla de todas y ninguna de las opciones anteriores, y aplicable a cada caso por separado; dentro de nuestro complejo y enorme aparato burocrático existen muchos funcionarios dotados de mucha capacidad y llenos de un espíritu de servicio envidiable, estos son la minoría desgraciadamente, y tienen que lidiar con las obstrucciones de quienes han decidido a nuestro nombre que nada pase, que el país se estanque, que no progresemos.

La inacción se nos ha metido entre lo huesos como una enfermedad contagiosa y encontró asidero en nuestra indiferencia, apatía, desinterés, conformismo, mediocridad y falta de visión. Hace apenas unos 30 años en esta patria nuestra se vivía bajo la armonía provocada por el respeto de la ley y de los derechos de los demás, pero paulatinamente esos factores de convivencia fueron cambiando por la arrogancia y la desobediencia, cada día se hizo mas común el decir, de por si todo el mundo lo hace y nadie dice nada, esta simple frase empezó a confundir nuestros objetivos y nuestro rumbo, dejamos de seguir nuestra propia conciencia y nos conformamos con refugiarnos en una burda excusa. Es así como de pronto encontramos una justificación para violar cualquier ley que nos impida alcanzar nuestros sueños y no podemos entender que la ley debe cumplirse porque es nuestra garantía de sobrevivir como sociedad, necesitamos ahora una muy buena razón para cumplir la ley, la ley por sí misma ya no nos es suficiente.

Contaminados todos con esta euforia de desobediencia pisoteamos nuestros propios esfuerzos por vivir en civilización, reglamentos, requisitos, rótulos, semáforos, oficiales, etc. Es como si no lográramos entender los beneficios de nuestras propias disposiciones, la invaluable herencia que representan y el alto costo económico de contar con todo ese diseño organizacional que no aprovechamos.

Pero el mal no se ha apoderado solo de nuestros servidores públicos, si no que ha logrado alcanzar a la población en general, ha convertido a la corrupción de uno que otro en una corrupción colectiva en la que todos participamos de una u otra manera.

Es así como nos encontramos con un mal que muy en el fondo todos sabemos que existe pero que posiblemente no estemos dispuestos a combatir pues no nos conviene, con un crudo secreto a voces, la verdad incómoda de la que nadie quiere hablar, algo que no resolveremos hasta que nos decidamos a enfrentarlo como debe ser, abierta y transparentemente, buscando soluciones más que culpables.

Solución

Nunca es bueno arrogarse la razón, pero para este caso creo que la solución a nuestros problemas está más que a la mano, es algo evidente y extraña realmente que quienes toman decisiones en este país no lo hayan visto; no quisiera ser mal pensado y que se me vaya a ocurrir que saben como solucionar las cosas pero no quieren correr el riesgo de perder popularidad, mayor patrimonio político y que no se gana exactamente con hechos.

Lo cierto es que solo como ejemplo, los ministros, jefes de todo el aparato que cualquiera de los ministerios representa, suelen escudarse en el ya definido pretexto de la ingobernabilidad, y no puede uno evitar preguntarse, qué influencia puede tener la Asamblea Legislativa, la Sala IV o cualquier otro órgano externo en lo que pasa dentro del ministerio, como es que el jerarca de cada ministerio se ve imposibilitado para hacer a sus subalternos cumplir con sus obligaciones, y cumplirlas bien.

Pero en vez de esto, deciden continuar con la ruinosa labor de su predecesor, seguir jugando el juego de no sé, no veo, no me doy cuenta, no me percato de que la institución que administro no cumple con lo que la ley que la creó le manda hacer. En este eterno juego de evasión de responsabilidades se condena al país y a los contribuyentes a pagar impuestos para sostener gigantes aparatos que gastan el 80% y a veces más de su presupuesto en cubrir el pago de planillas, planillas que emplean a miles de personas que no pueden cumplir con sus obligaciones porque el presupuesto no alcanza para combustibles, mantenimiento de flotilla, compra de maquinaria, equipo de oficina, etc. En otras palabras, les pagamos para que sean, para que no hagan lo que les corresponde, les pagamos para que estén ahí, ocupando un puesto en una institución pública que contrata todo lo que ejecuta, con fondos de préstamos, valga la pena decir, y que para colmo de males ni siquiera puede velar para que el dinero que paga a las empresas privadas se traduzca en obras que den solución a los problemas de los contribuyentes y que además sean ejecutadas de acuerdo a lo pactado. En su lugar cada vez que queda en evidencia la malversación de fondos por parte de los encargados de velar por ellos y de los empresarios a los que se les paga para que los conviertan en obras reales, oímos como recurren a un sin fin de excusas como muchos imprevistos, alza de precios, errores en los contratos, problemas de financiamiento, etc, etc, etc. ¿Qué es entonces lo que hacen estas personas?, ¿para qué les estamos pagando?¿realmente los necesitamos?

Creo que estas son las preguntas que deberíamos hacernos cada vez que escuchamos de la creación de un nuevo ministerio o institución, encargado la mayoría de la veces de funciones ya asignadas a otro más antiguo pero que no se cumplen.

Desde Presidencia de la República, sea quien sea que ocupe el puesto, debería empeñarse en convertir el mandato del pueblo en una realidad, en dar verdadero significado a la democracia exigiendo que las personas a su cargo exijan a las personas a su cargo y así sucesivamente en la cadena de mando, honrar el salario que se les paga. Quien nombra a estas personas a su conveniencia puede cesarlas de su cargo si no cumplen con las expectativas, no esperar a que se vean involucrados en un escándalo.

De esta manera la Presidencia de la República se evitaría un tortuoso camino a la Asamblea Legislativa tratando de conseguir la aprobación de nuevas leyes que logren lo que las anteriores no han logrado y de paso le ayuden a cumplir con sus promesas de campaña.

¿Que les parece esta promesa de campaña para las próximas elecciones?

En lugar de prometer nuevas ayudas a este y aquel, reformas a una y otra ley, prométannos hacer cumplir las leyes que tantos millones de colones y años de trámite nos han costado a los costarricenses y que hasta la fecha han servido solo para llenar la constitución y para alimentar un aparato burocrático que ya no se puede sostener.

Servicio al Cliente

Perece que en Costa Rica a los encargados de atender clientes se les olvidó por completo lo que significa “Servicio al Cliente”. Las tareas de estas personas están enfocadas en cumplir con los procedimientos establecidos en la compañía y no en satisfacer las necesidades de quien les compra su producto y quien al final de cuentas es la razón de ser de su negocio. Al hacer un pedido hay que decir las cosas hasta 4 veces para que quien lo atiende a uno se de por enterado, pero ahí no termina el asunto, en realidad no entendió lo que se le pedía ni le interesó en lo más mínimo ni por un segundo, la consigna, hacer la venta. Cuando se les interpela porque el producto que van a entregar no es el ofrecido encuentran muy fácil solucionar el problema encajándole a uno algo completamente diferente a lo pactado pero que eso si, ” es lo que hay “.
En otras palabras hay que comprar lo que ellos tienen y no lo que uno necesita.
¿Que lugar ocupan los clientes en estas compañías? que desgraciadamente son la mayoría, el último, después de todo lo que se nos pueda ocurrir. Todavía se preguntan por que el comercio está tan mal últimamente.